¿Qué es el verano?

Eduardo Jordá

No es momento para hablar del lío irresoluble del brexit, ni de la entrevista Sánchez-Torra –que sigue sucediendo en ese interminable Día de la Marmota que es el procés-, ni de los niños atrapados en la cueva de Tailandia, esa historia tan triste y tan claustrofóbica (¿a quién se le ocurrió meter a los niños en la cueva, justo en plena época de los monzones?). Hace demasiado calor y ya estamos todos aburridos de estas historias. Sigue leyendo

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Crónica de Nantes

José Carlos Llop

Esta semana, Nantes ha saltado a los informativos y no por celebrar algún aniversario de Julio Verne. La policía mató a un joven en un control y la banlieue de Nantes ha ardido en disturbios. El jueves, el policía que disparó quedó bajo arresto. Pero no quiero hablar de este asunto sino de Nantes, la ciudad que tan bien cartografió Julien Gracq en su libro La horma de una ciudad. El escritor alemán Ernst Jünger, ya mayor, fue a visitar a Gracq y se conservan imágenes de ambos paseando juntos por las calles de Nantes. Sigue leyendo

Cuando sea demasiado tarde

Ni siquiera la gente más lúcida se da cuenta a menudo de las cosas más graves que pasan. En 1930, cuando el Partido Nazi de Adolf Hitler pasó de ser un partido minoritario a ganar seis millones de votos, Stefan Zweig pensó que aquello era una buena noticia. Los nazis, en su opinión, representaban el entusiasmo idealista de la juventud frente a la política acartonada de los viejos partidos políticos que sostenían la República de Weimar (los conservadores y los socialdemócratas: el achacoso y caduco bipartidismo, por así decir). Sigue leyendo

Mi casa

Eduardo Jordá

Hacia 1946 o 1947, cuando la izquierda gobernaba en Inglaterra por vez primera en la historia (salvo un paréntesis de unos meses en 1929), George Orwell escribió que el peor enemigo de un partido político de izquierdas que acababa de llegar al poder era su propia propaganda, esa misma propaganda que le había permitido llegar al poder. Sigue leyendo

Palabras ingratas

Eduardo Jordá

Uno de los últimos relatos que escribió Paul Bowles en Tánger, a mediados de los años 80, cuando ya era muy mayor, se llamaba Palabras ingratas (o quizá extemporáneas, o inoportunas: al traductor, Rodrigo Rey Rosa, le costó encontrar un término adecuado para ” unwelcome“, y lo discutimos durante muchas horas en su apartamento de Tánger sin hallar una solución satisfactoria). Sigue leyendo

La poesía y los muertos

José Carlos Llop

Podría escribir sobre las estupideces de los vivos, que son infinitas de tan innumerables. Podría escribir sobre la irrespetuosa comparación del futbolista Guardiola entre el lazo amarillo y los lazos contra el cáncer o el sida. Podría escribir sobre el soso argumento de que “hay que cambiar la Constitución porque mi generación no la votó” que esgrimió nuestra segunda autoridad autonómica. Sigue leyendo

La vida moderna

José Carlos Llop

1) En la cultura de los años 70 se mezclaron muchas cosas y una de ellas fue la reivindicación –o nuestro descubrimiento particular– de la pintura prerrafaelita. Su estética neoclasicista, medievalista, preorientalista en algún caso –pienso en Alma Tadema–, fue uno de los adornos de nuestra juventud. Lo que no era incompatible con la guitarra de Jimi Hendrix, el patchouli y los Levi´s, al revés. Sigue leyendo

Y un admirador

Eduardo Jordá

En una universidad berlinesa, hace pocos días, un sindicato de estudiantes se quejó de la exhibición en una fachada del campus de un poema que les pareció sexista. El poema, escrito en castellano por un poeta suizo-boliviano de 93 años, Eugen Gomringer, decía así: “Avenida/ avenidas y flores/ flores/ flores y mujeres/ avenidas/ avenidas y mujeres/ avenidas y flores y mujeres y un admirador”. Sigue leyendo

Los tres reyes de San Apolinar

Eduardo Jordá

Había muy poca gente en la basílica de San Apolinar el Nuevo, en Rávena. Cuatro o cinco visitantes, nada más, todos italianos con aspecto eclesiástico, quizá curas y monjas de paisano disfrutando de unos días de vacaciones. Rávena es una ciudad muy rara. Está fuera de todas las rutas turísticas, en la zona de marismas de la desembocadura del Po. Hoteles anticuados, cafeterías con camareros muy mayores que arrastran los pies, familias enteras en la playa como si todavía estuvieran protagonizando una escena de Amarcord (Rímini, la ciudad natal de Fellini, está a pocos kilómetros de Rávena). Pero Rávena tiene dos basílicas con mosaicos bizantinos, San Apolinar y San Vital, y algunos excéntricos disfrutamos viendo estas cosas. Sigue leyendo

La Navidad resiste

Recuerdo una lejana Nochevieja en Llucalcari (cuando todavía era Lluch-Alcari), en los años de la Transición, fumando porros y comiendo pa amb sobrassada y escuchando los discos más raros de Kevin Ayers (el glorioso “Whatevershebringswesing”, me parece). Éramos muchos y todos teníamos la sensación de que vivíamos en un mundo que se estaba acabando. Ese mundo era el mundo de la Navidad con sus belenes y sus villancicos. Sigue leyendo